Sórac continuó su camino hasta los niveles más altos, entró en uno de los bares y se sentó junto a un ventanal para disfrutar de la vista mientras desayunaba un chocolate. Al poco tiempo una bola de metal con patas salto sobre la mesa sobresaltándole.
-¡Zoe! dijo al ver la imagen holográfica que el diseñó para ella en una pantallita del pequeño robot.
-¿No has encontrado una piel mejor?
-Solo quería hacerte compañía. Espera un momento.
La bola plegó sus cuatro patas, le desapareció el holograma y quedó en silencio. Sórac la apartó unos centímetros y terminó de desayunar. En ese momento una mujer rubia de ojos color caramelo y guapa como sólo lo podían ser las mujeres artificiales se sentó a su lado.
-¿Así está mejor?
-Mucho mejor. Antes me has asustado.
-Perdón. ¿Que has desayunado?
-Chocolate.
-¿Estaba bueno?
-¿Bueno? Lo preguntas como si eso tuviera algún sentido para ti.
Zoe puso cara entre enfadada y triste.
-Lo sé. Soy incapaz de disfrutar de un buen sabor. Lo que ocurre es que nos hacéis actuar como humanos y luego nos recrimináis que no lo seamos.
Sórac al darse cuenta de lo injusto que había sido se disculpó.
-Estaba buenísimo. Seguro que dentro de miles de años la gente lo seguirá tomando.
El pequeño robot de cuatro patas se activó, esta vez con un holograma distinto en la pantalla, dio un par de brincos, saltó de la mesa y sin decir nada se alejó.
-No me extraña que te asustaras.
-No fue para tanto. Dijo Sórac en voz baja.
Y hablando de cosas triviales pasaron un buen rato. De vez en cuando Sórac señalaba una estrella y Zoe le decía su nombre, su tipo, a que distancia estaba y alguna cosa interesante sobre ella como cuantos planetas tenía o si valía la pena explorarla.
Mientras tanto el bar se fue llenando de gente y de ruido, algo que a Sórac no desagradaba.
2.
I.
Cuando Sórac despertó de su inquieto sueño no se encontró convertido en un insecto gigante aunque eso no le hubiera importado. Durante años esa pequeña novela se le quedo grabada en la memoria, estaba convencido de que su destino y el de todos los que le rodeaban era transformarse en parásitos, seres programados para perpetuar una generación más los genes de las anteriores generaciones de insectos. En fin... pensó, abrió los ojos y una voz suave de mujer le dio los buenos días.
- Buenos días. Respondió.
La cabina quedó en silencio durante algunos minutos, Sórac comenzó con el rutinario dialogo de todas las mañanas.
- ¿qué hora es?
- Son las siete y cuarto.
- ¿qué tiempo hará hoy?
- Soleado todo el día salvo veinticinco minutos de lluvia de cuatro a cuatro y veinticinco de la tarde.
Veo que sabe sumar pensó. Abrió el grifo para lavarse la cara y con expresión de aburrimiento continuó la conversación:
- Dime una cosa. El agua que está saliendo en estos momentos por el grifo ¿ha pasado alguna otra vez por el?
- El 1,1 por ciento si.
A Sórac le gustaba poner a prueba la capacidad de esa pequeña porción de computadora que se le había asignado cuando nació y a la que él llamaba Zoe quizás con cierta ironía o quizás por que a veces parecía más viva que él, ni siquiera él lo sabía.
- ¿Hay algo que no sepas?
- Todas las mañanas me preguntas lo mismo. Ya sabes la respuesta, hay muchas cosas que no se.
- Lo hago para mantener la tradición, claro que tu no entiendes estas sutilezas del espíritu humano, además, no todas las mañanas lo pregunto.
- Cierto, solo algunos cientos de veces las últimas cinco décadas.
Se miró en el espejo y se quedó pensando. Al ver su expresión Zoe, con voz todavía más suave añadió:
- En el siglo veinte nadie hubiera dicho que tienes más de diecisiete años.
- Lo sé.
Y era verdad.
Sórac se terminó de arreglar y antes de salir de la cabina llamó a Zoe.
- ¿Sí?
- Te quiero.
- Lo sé.
Recorrió el pasillo flanqueado por las puertas de las cabinas de sus vecinos giró a su derecha y desde el balcón de su piso contempló como tantas veces había hecho antes el fantástico paisaje que le ofrecía su mundo. Tantas veces lo había visto y tantas veces se sintió sobrecogido y admirado por él que no comprendía porqué tan pocas veces había visto a alguno de sus vecinos de los pisos inferiores simplemente apoyado en la barandilla contemplándolo. A todo se acostumbra uno.
Si miraba hacia abajo veía los balcones de los cientos de niveles que le separaban de la base del edificio. A su frente, bajo algunas nubes, se extendía una franja de tierra de cientos de kilómetros de longitud cubierta por bosques, lagos y campos de cultivo de todos los tamaños y colores. Si miraba por alguno de los telescopios del balcón podía ver al final y en el centro de esa franja más edificios gemelos al suyo además de otras construcciones como fábricas de todo tipo, aunque a esas distancias era imposible distinguir los unos de las otras. A ambos lados, la superficie se doblaba hasta muy por encima del horizonte dando la impresión de estar en un largo valle cercado por montañas, extrañas montañas a las que los lagos se pegaban como si estuvieran pintados en ellas. Subiendo la mirada podía ver la oscuridad total del cielo que hacía resaltar más los vivos colores de la vegetación en la que miles de estrellas se escondían reapareciendo en el lado opuesto pocos minutos después. Todo este espectáculo bastaría para impresionar al ser menos sensible y sin embargo lo realmente sobrecogedor no era lo que tenía en frente sino lo que había sobre él. Justo sobre su cabeza otras dos franjas verdes iguales a la que el habitaba y separadas por un espacio de cielo se extendían como una gran bóveda la cima de la cual estaba a casi cuarenta kilómetros de distancia.
Esa gran nave cilíndrica que era su mundo estaba iluminada por un punto de luz que a lo largo del día la recorría de proa a popa. El color del punto de luz al que llamaban Sol cambiaba hora a hora simulando los amaneceres amarillos y los atardeceres naranja de la ya muy lejana Tierra.
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En el inmenso océano de los blogs inicio el mio con la ingenuidad del que echa una gota de agua en mar y espera ver su efecto en la marea.
Nunca me ha gustado escribir pero si imaginar historias, situaciones y mundos, por eso espero que los posibles lectores me animen con sus comentarios y que no duden en corregirme siempre que quieran. Espero que lo que se lea en este blog guste a un número de personas suficiente como para que me sienta obligado a continuar mis historias.
